02/04/15 San Pedro: Pinchando Mostros

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Hace un tiempo estábamos con ganas de ir a probar suerte a esta localidad, peinar arroyos como el Sepultura y enfrentarnos a sus famosas y aguerridas tarus. Así fue como arrancamos la procesión  el día viernes Santo pasado.  Esta vez, seríamos de la partida los integrantes originales del “Comando Mandíbula”: mi viejo (Manuel Otero), mi hermano (Juan Manuel Otero) y yo.
Tres peregrinos, una misión: Encontrar a los “MOSTROS”.

Arrancando
Nuestro guía en esta ocasión seria “Pepe” Riva, baqueano de la zona y un loco de la pesca, que nos dijo: “la tararira está, hay que buscarla un poco pero `tá…” y nos adelantó que, en general, la pesca en Semana Santa es algo impredecible, porque hay muchas lanchas dando vueltas en el río, y esto afecta a los peces y su comportamiento, con lo cual la pesca en el Paraná, altamente transitado y con el agua muy sucia, se complicaba.
De todas formas decidimos hacerle frente al Karma de la pesca floja en Semana Santa (no nos íbamos a acobardar por un par de lanchas) y el día señalado, estábamos a las 7 A.m. en el Club Náutico de San Pedro, con toda la ansiedad encima, y con muchas ganas de salir al río.
Allí conocimos a Pepe, arrancamos con el mate, cargamos todos los bártulos en la lancha (una cómoda truker de 6 metros); y emprendimos la aventura.

El día pintaba espectacular, cielo despejado, y un poco fresco a la mañana, pero con pronóstico de mucho calor por la tarde, lo que nos daba una buena perspectiva para la tarucha, y de algún otro bicho que estuviera dando vueltas por ahí.

Hicimos una navegación de más o menos una hora, pasamos por Vuelta de Obligado, escenario de la recordada batalla, hasta que llegamos a la primer cancha de pesca, en la entrada de un arroyo, donde hicimos algunos tiros tanto con señuelos como con carnada, para ver si tentábamos algún doradito, pero tras un rato de intentar sin tener respuestas, Pepe decidió movernos a otro sector.

Así, fuimos navegando por los distintos arroyos de la zona, hasta que paramos en una especie de tajamar formado por el desborde del arroyo por el que veníamos navegando. Ahí, Pepe nos preguntó si nos animábamos a bajar de la lancha para vadear un poco, porque había muchos camalotes, y tirar los señuelos desde la lancha era, como mínimo, complicado. No había terminado de preguntarnos, y ya estábamos con los camalotes hasta la cintura, caña en mano, y muñecos volando.

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“Perros” de río
El vadeo estaba difícil, con los camalotes, el barro y la “cola de zorro” arriba de las rodillas. El agua estaba algo fría, pero muy cristalina, bajando del campo al arroyo formando una fuerte corredera entre unos troncos y el veril.

El primer muñeco que cae y “chaaassss” tarascón y pifie… ¡en plena corredera! mi hermano grita: “loco ¿fué una tararira o un doradito?”. Al rato, Pepe nos grita, miramos y vemos que había pinchado la primer taru del día, grandecita, lo que nos confirmaba que estábamos en el lugar correcto y  de que “mostro” eran los tarascones. Desenganchada con cuidado, fotos y vuelta al agua.
Seguíamos probando en todas las direcciones y en eso Juan, haciendo pasar su ranita bien al lado de un camalotal grande, pincha una hermosa tarucha, que le peleó como un espartano, como nos tienen acostumbrados, bien rebeldes. Es un placer ver como se dobla el equipo cuando las bichas no quieren entregarse, y más en un ámbito como este, en el que lo cristalino del agua deja apreciar la lucha en todo su esplendor.

Seguimos probando en el sector, y en un momento dado, tiro con una cuchara de goma del tipo Moss Boss, y veo una taru, grande, que la ataca pero no acierta a morderla. Sigo trayendo el señuelo, y por lo cristalino del agua, veo que la taru vuelve a perseguir el engaño, y casi al lado de mis rodillas lo ataca firmemente. ¡Un espectáculo! fue como “enganchar un tren”. La taru, rabiosa, me sacaba multi del reel, estaba imparable. En eso veo que mi hermano clava otra dientona ¡Doblete! traíamos las dos juntas, y hasta se cruzaron en explosión que nos salpicaba y llenaba de magia, un espectáculo impagable. Lamentablemente, en uno de estos saltos, la taru que tenía prendida en mi señuelo se soltó, y me quedé “como nene sin caramelo”, pero la de Juan quedó bien prendida. La desenganchamos con cuidado y vuelta al agua, bien ganada tenía su libertad.

Después de un rato, decidimos cambiar el sector de pesca, y Pepe nos comenzó a llevar por otros lugares. Probamos bastante, pero no tuvimos respuestas. Para peor, había muchas lanchas circulando por todos lados (tal como nos había anticipado Pepe) lo que hacía aún más difícil la pesca. Así que, siendo ya el mediodía, aflojó la tarucha y empezó a “picar el bagre”, con lo cual decidimos parar a comer.

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La comilona
Mi viejo había pescado unos lindos bagres amarillos desde la lancha mientras nosotros vadeábamos, así que con los mismos, Pepe nos preparó la clásica “fritanga de pescado” que sinceramente quedó espectacular. La comida, unas birras, y un lugar increíble, nos hicieron recobrar fuerzas para el segundo round.

Seguimos probando por todos lados, vadeando incluso con agua y cola de zorro hasta la cintura, y logramos pinchar algunas tarus más, pero ninguna tan espectacular como las primeras de la mañana.
Al atardecer, con el día desangrándose, Pepe nos propuso: ¿Vamos a buscar algunos cachorros con carnada? Al principio dudamos, porque creíamos que Pepe querría salir del río antes de que anochezca, y así se lo dijimos, pero el, pescador a full, nos dijo “de noche se nos va a hacer seguro, asique no se preocupen”. No hizo falta más, y salimos a probar al Paraná.

El postre
La noche estaba hermosa, y para colmo había una luna llena increíble. Dejando de lado la pesca, navegar por el Paraná y por la gran cantidad de arroyos que lo circundan, de noche y con luna llena, es una de las cosas más increíbles que hicimos en la vida, no se puede describir con palabras.
Cuando llegamos al lugar elegido por Pepe, armamos los equipos para surucho, encarnamos con morenas y tiramos. No pasó mucho tiempo hasta que mi viejo siente un lindo tirón en su caña, pero lo sorprendió, y no pudo clavarlo. Medio decepcionado, cambió la morena y tiró de nuevo, y tuvo su revancha: casi antes de que la carnada toque el agua, ya tenía un lindo cachorro clavado, que le dio una hermosa pelea hasta que lo pudo subir a la lancha.

¡Que más podíamos pedir! Una jornada de tarus rabiosas, y de postre un hermoso cachorro. Más que satisfechos, dimos por terminada la faena, y volvimos al club náutico de San pedro, desde donde emprendimos la vuelta a Bs. As.

La conclusión
Qué decir de esta salida. San Pedro sigue demostrando que es un excelente pesquero, incluso en días en los que las condiciones no son las mejores. Eso sí, hay que acompañarse con guías como Pepe, pescadores de alma, que le ponen garra y buscan las dientonas incesantemente. Todo esto a 180 Km de Buenos Aires, un lujo. La invitación está hecha, y San Pedro nos espera, simplemente hay que ir.

Texto y fotos: “Pinchando Mostros” – Fernando Otero/Juan Manuel Otero.

Servicios:
“Pepe” Riva,
Guía de pesca embarcado en San Pedro, Salidas a la Tarucha, Dorado, Surubí y Pejerrey.
Celular: 03329-15-531443.

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Sobre el Autor

Pinchando Mostros

Somos dos enfermos de la pesca con artificiales, que quieren compartir su enfermedad... y ponerle algo de rock!

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