04/10/16 Una jornada distinta en Cachi Arroupe

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No solo hay que organizarse para los reclamos… así lo entendimos en nuestro taller gráfico y preparamos una salida de pesca al Río Salado. Buscando lugares acordes y nos decidimos por los campos de Cachi Arroupe, en las proximidades de Lezama…

Distancia justa para hacer la pesca y disfrutar del día; cuenta con una amplia orilla para diseminar de manera cómoda a los 8 pescadores y mucho campo para encender la leña para disfrutar del banquete criollo… un vacío a la vera del río!

 

Con los tiempos bien calculados nos detuvimos en “El Katu”, a no solo comprar las buenas carnadas sino a recibir los consejos y el servicio de prepararnos el agua caliente para continuar los 50 kilómetros que restaban hasta el pesquero. Obligada detención en la panadería de Lezama, la que está a dos cuadras de la ruta, donde recomiendo compren la galleta de campo y después me cuentan…

Retomando en el kilómetro 162 y a no más de 500 m está el ingreso a la calle de tierra que bien nos deposita en la orilla del río. Pasando varias tranqueras (¡Siempre cierren las mismas una vez atravesada!) llegamos a la costa. Cachi nos indicó cruzar el vado y elegir el lugar aguas abajo. Una vez instalados, armamos las baterías de equipos y la adrenalina surgió…

 

Líneas de flote para el pejerrey; de fondo para las carpas y la variada de piel. Todos los ojos mirando al Sur esperando el tan preciado “pique”… Lo primero que picamos fueron los chorizos secos que Sebastián trajo de su Chivilcoy natal y las galletas de campo que bien supo comprar Mariano. Tras el brindis de rigor con 1/5 de Fernet y el resto bebida cola explotó la emoción con la captura del primer pejerrey de muy buena medida ya que superaba los 30 centímetros…

Entre cambios de líneas y carnadas se lograban algunas capturas que el río mezquino soltaba solo para no insultarlo… No obstante eso no se evaluaba ya que sobre la brisa del campo se podía oler el perfume que antecedía al crepitar de los leños. Ahora el olor a humo era reemplazado por las primeras gotas de grasa que caían, del que sería un exquisito vacío, asique hicimos un alto en la pesca para refugiarnos en la improvisada ranchada para almorzar.

 

Un párrafo aparte se debe llevar el menor de 6 años que acompañó a su padre, Alejandro, a pescar. El río le regaló la tímida sonrisa al obtener, por sus propios medios, su tan preciada captura. La pesca siguió hasta que el sol apuntó definitivamente hacia el horizonte, ahí entendimos que era momento de recolectar todo nuestros objetos y emprender el retorno con las retinas llenas de campo y el alma llena de un Sábado distinto.

En lo oscuro de la ruta empezamos a planificar “la próxima…”. El equipo pescador estuvo formado por: como invitados Gerardo, el suegro de Maxi y Mariano, amigo de Sebastián. Máximo; Sebastián; Alejandro y su hijito Federico; Gabriel y yo.-

Gentileza de Eduardo Piccone

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1 comentario

  1. Sebastián Goldman on

    Que buena nota. Excelente redacción y mejor aún recuerdo de un sábado distinto. Disfrutando todos juntos de un hermoso día al aire libre.!

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