05/11/18 Cara a cara sin testigos

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Sábado 27 de Octubre de 2018 siendo las 7 am no logro despegar mi cuerpo de la cama, semana compleja desde lo laboral, cansado y un poco aturdido…

Estaba condenado a pasar por el trabajo y no me queda muy de paso visitar a alguno de mis charcos, así que lo pensé…. Pero me ganó el pescador. “Toda la semana esperando el finde y no vas a ir a tentar a alguna tararira?” De ninguna manera. Cargue la caña, las botas y me fui con esa típica ropa que la gente sin ver que llevas cañas ya sabe que vas a pescar.

Cumplí con mis obligaciones y ya cerca de las 10 solicito autorización telefónica para el ingreso a un lugar estudiado desde los mapas, había pescado alguna vez allí pero muy pocas. Es ni más ni menos que un brazo del Rio Lujan a unos 2 km de donde pesco siempre. Llego entre charcos y cruces de alambrado alrededor de las 11 am. Llevé dos equipos, uno de bait y uno de fly. Esta vez arranque con bait porque había un poco de viento y la veía complicada para un novato intentando castear… ¿parecido a un mono con navaja? Tal vez.

Recorrí un pequeño brazo, y a pesar de la temperatura templada de ese momento, estaban dormidas y bien pegadas al fondo. Era similar a pescarlas en Invierno. Desperdicié unos 3 piques, tal vez fue mala mía, pero parecía que estaban a dieta y exquisitas, mordían como si estuviesen comiendo con palitos chinos. Muy delicadas! Buscaba desde lo mas playo de la costa de en frente viendo como el señuelo desaparecía hasta que volvía a aparecer a mis pies.

En uno de los tiros – exactamente igual a muchos que había ensayado -, cuando empiezo a perder de vista al señuelo, este literalmente desaparece! Una pequeña cazadora que acechaba cerca de la costa, un lugar por el que había pasado al menos unas 20 veces. En lo que va de esta temporada de primavera he pescado tarariras de medianas a chicas, mas chicas que las que pesqué en invierno!!! Pense que estaba condenado a las “peques”. Ya pesqué con bait, ahora vamos con fly.

Conseguí unas moscas con anzuelo #6 en local de Finisterra asesorado por el Sr. Sergio Lima, y verdaderamente me parecían muy chicos, por lo que antes de comprar un set bastante económico le pregunte a un mosquero amigo si eso estaba bien para las tarus… a lo que me dijo: “Si no probás, nunca lo vas a saber”. Entonces listo, a la caja de pesca! Arme y puse una mosca que era algo parecido a un ratoncito, al menos desde mi punto de vista.

 

Me sentí bastante cómodo “casteando”, ya no me estaba costando tanto como al principio, pero pasado un rato no tuve ni un ataque. Pasé una y mil veces por los lugares que tendrían que estar las “chicas” y nada, solamente cada tanto enganchaba alguna rama o basura hasta que sentí un enganche firme, y ante la duda clavé! Automáticamente veo que la cola de ratón dispara para el lado del río, no podía darle la cantidad de línea suficiente porque no la quería perder y mucho menos romper todo!!! Mucha fuerza, a caña doblada, cara a cara y sin testigos; una pelea digna de una bestia del arroyo a la cual le molestó la pequeña mosquita que de seguro le pasó cerquita.

La pesca con mosca la comencé hace un mes, venía capturando presas de unos 500 gramos a lo sumo, y pensaba siempre de qué manera sería el momento en el que me toque pescar una grande!!! Sensación indescriptible, lo único que puedo precisar es que sentís como mínimo que te explota el corazón. Fotos de rigor con mi fotógrafo personal (¿?) y al agua, antes de seguir la mosca se merecía salir en una foto, y ahí me di cuenta que no perdí a esa bestia de casualidad, ya que el anzuelo había perdido su curvatura normal. Ya la mini cueva se había revuelto demasiado por lo que decidí seguir adelante en busca de nuevas chances.

Llegué a un lugar de ensueño. Monte, sombra y una salida de agua del campo justo en frente pero había un problema, tenía una distancia de unos 30 metros y tiros incómodos por tener esa plaga de acacios negros a mi espalda. Un gran amigo siempre me decía que cuando el campo está “escupiendo agua”, las tenes que buscar ahí, donde el agua cambia de color. Le busqué la vuelta, regule varias veces el reel, habré hecho unas 5 galletas hasta que encontré la posición y el tiro. Tuve ataques furiosos bien lejos y no logré clavar, y ella seguía allí, desparramando mojarras para todos lados.

En un tiro llego hasta el barro de la costa, procurando hacerlo lo más natural posible, traccione el señuelo suavemente, y al tercer tironcito explota el agua! Otra tararira de tamaño respetable que me regaló una hermosa pelea en un trayecto de unos 30 metros. Las grandes estaban! Ya de camino al auto, que por cierto lo veía lejísimos, fui costeando una parte que la pasé por fuera del monte que divide el campo del río. Pruebo un par de tiros más sin suerte y sigo. “Antes de cortar campo en dirección al auto para volver tempano a casa, tengo que pescar una más”. Pensado y hecho! Otra señora tararira de color mucho más blanquecino que las anteriores.

Ya la sonrisa era de oreja a oreja, ya no importaban los tábanos, los mosquitos, los jejenes, ni el peso de kilos de barro en las botas. Todas las tarariras quedaron en el riacho y de seguro me estarán esperando hasta que me pegue otra vuelta!

Salud para todos y buenas pescas!
Gentileza de  Christian Andrés López

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Christian Lopez

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