09/10/18 Difícil pero no imposible

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Última pesca de pejerreyes del 2018 | Tras postergar tres veces la pesca convocada por el guía Nicolás Dialina para mis amigos Diego Mattia y Horacio Suppa, pudimos partir del puerto de Berisso donde nos esperaba nuestro amigo y guía Nico..

Muy temprano, antes que el resto, el motor dos tiempos comenzó a mover el agua mientras aprontábamos los equipos en el muelle flotante. Toda arriba; todos a bordo; enganchando la transmisión y ¡adelante! En zona de Prefectura se hicieron las comunicaciones de rigor para entonces ¡sí! Dar rienda suelta con proa a los malecones. Superados éstos pasamos la rada donde una veintena de grandes buques fondeados esperan órdenes.

Un río caprichoso nos castigaba con viento norte y olas con frecuencia corta la que hacía mojar a la tripulación. Rumbo a Palo Seis nos alejábamos de la costa entre cachetadas del río áspero. Pasando el lugar deseado, anclas de capas al agua y a preparar los equipos. Cañas de cuatro metros, líneas de dos o tres boyas rematadas por una bigotera y bajadas cortas de 10 a 20 centímetros. En mi caso línea con boyas ping pong negras preparadas por Marcelo Duhagon.

Los piques esporádicos llevaban a estar atentos en la carrera de las líneas al encuentro de las piezas a la distancia. Hasta ahora uno de muy buen porte nos alentaba, pero parece que fue solo un tiro de suerte. Un río castigador nos balanceaba de forma caprichosa con la intención de hacernos desistir de nuestra empresa. Por el contrario, afirmado a la borda seguíamos estoicos en busca de lo que habíamos ido a buscar… los últimos pejerreyes de año.

 

Volvimos a navegar río arriba para hacer otra gareteada esperando mejorar la suerte, pero la suerte parecía no estar de nuestro lado. Cambiado algunas veces de lugar las horas corrían y la pesca se esfumaba. Aparentaba haber una doble bajante, por lo que el garete y las líneas caminaban de forma impropias. Es ahí cuando Juancho propone orillarnos un poco para poder hacer un parate y cargarnos de energía comiendo unos sándwich bien preparados por el capitán abordo: crudo, queso y tomates y una mínima ración de cerveza para bajarlos.

Entonces es que encontramos la pesca decorosa. En aguas tranquilas las boyas marcaban los enérgicos piques que hacía exportar el agua y allá salía la corrida y se daba la lucha… A veces ganábamos… a veces perdíamos. No se destacaron por la cantidad ni la calidad de piezas pero ahora estaba entretenida la pesca, tanto que el improvisado almuerzo pasó a segundo plano… Claro, ya teníamos uno en el buche. Uno a uno fuimos cargando el cajoncito de pejerreyes, así como la gallina come de un grano a la vez y se llena.

Bien entrada la tarde, con una pesca conforme, planificábamos las próximas salidas mientras con toda calma acondicionamos los elementos para el retorno. Ahí surgieron las propuestas de la pesca del mimoso; corvinas y hasta una nocturna para especies de piel. Amarrados y con los pertrechos en la vereda no pude retener la voluntad de entrar al sencillo negocio Don Renzo. Mieles; mermeladas; vinos de la costa; licores y… la grapa de orujo. ¿Se imaginarán lo que me traje?

Una amable conversación mantuvimos mientras contaba las particularidades de los mal conocidos vinos pateros a los vino de la costa los que se hacen de una uva variedad Isabella. Entonces ahora tenía los pescados; el vino y la grapa. Así termina el 2018 para la pesca de pejerreyes en el Río de la Plata: Difícil pero no imposible…

¡Salud amigos pescadores!
Gentileza de Eduardo Piccone

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Sobre el Autor

Eduardo Piccone

Comparto salidas de pesca entre amigos, en soledad o con los compañeros del sindicato gráficos.

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