10/09/15 Crónica entre dientes y camalotes …

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Y salimos a patear campo…

Esta vez el comando contaba con solo dos de sus integrantes, el equipo de reconocimiento: Juan y Fer; Manos de Manteca y Lagumercindor, Los Pinchamostros. Después de un par de meses sin mojar los señuelos, no pudimos más con la ansiedad, pusimos primera, agarramos la ruta y nos fuimos para el sur de Entre Ríos a probar suerte en un par de charcos, algunos ya conocidos y otros no tanto, en busca de las gloriosas tarariras.

La mañana estaba fresca, pero no importaba porque necesitábamos salir al campo, no solo a pescar, que a esta altura es casi tan necesario como respirar, sino a recorrer, investigar, saltar tranqueras, embarrarnos y planificar las próximas visitas; básicamente la actividad principal del buscador incansable de taruchas promedio. Así lo hicimos y, de hecho, fue lo único que hicimos porque la pesca estuvo durísima, pero muy divertida.

Las tarariras estaban, sí, pero muy aletargadas y desparramadas por la inundación. Y su actividad se dio con la repetición de un patrón de comportamiento constante, les tirábamos con toda la artillería y la respuesta era siempre la misma: varios ataques rápidos pero no muy violentos, siempre sobre los camalotes y después nada… si, nada. Perecía que reaccionaban porque las molestábamos y decidían correrse de lugar para después ignorar cualquier estimulo.

 

A la vista de esto, pusimos toda la energía al hecho de “pasear” por los campos y sumamos así otro factor que insidio directamente en el resultado de la pesca: EL CAMALOTE. Todos los arroyos y riachos recorridos estaban plagados de estas hermosas, y tan “odiadas”, plantitas. Mucha vegetación que hacía casi imposible encontrar limpiones en donde poder hacer laburar los muñecos, de forma que el trabajo era sacar a los bichos de su comodidad, de su escondite debajo de la vegetación. Esto fue lo más difícil porque lográbamos moverlas pero “nariceaban” los señuelos y seguían de largo, nos queríamos matar, pero que alegría volver a verlas!!…

En resumidas cuentas pudimos disfrutar de un día bárbaro, de compartir anécdotas que ya nos contamos dos millones de veces, de comernos un buen pan de campo con chicharrón tirados a la vera de un charquito, del “armonioso” canto de nuestro amigo inseparable de salidas el Chajá y de descubrir un par de lugares nuevos para volver probar suerte. …
Cae el sol y decidimos volver, no hay escamas pero no importa, hay alegría, volvimos, estamos vivos otra vez, caña en mano enfilamos para el auto y nos vamos entre risas, entre promesas.

Vamos a volver por la revancha a las “Cuevas” de ENTRE RIOS.
PINCHANDO MOSTROS.

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Somos dos enfermos de la pesca con artificiales, que quieren compartir su enfermedad... y ponerle algo de rock!

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