10/10/15 El Santo de la Caña

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… Era una tarde de sábado como cualquier otra. …Como cualquier otra tarde de sábado Gris y Fría. …Suena el teléfono y se frenan las agujas, se corta la respiración, volveremos a vivir, Salió el SOL!!! La cosa es simple, San Pedro llama y tenemos que responder su llamado.

Hay… hay que buscarlas pero están y son grandes. Esas fueron las palabras de nuestro amigo, Guía, y Pescador. Y así fue que después de hablar con Pepe Riva, el fin de semana pegó un vuelco y todo cambió, se volvió vertiginoso. Hay que cargar los equipos y cabalgar hasta una de las ciudades de la cuenca del Paraná Bonaerense mas lindas y bien preparadas para todo tipo de turismo o actividad recreativa que podemos visitar, entre ellas, la pesca.

San Pedro te ofrece, entre otras especies, Dorado, Surubí, Boga, Pejerrey y Bagre de mar. Pero este no sería el caso, aunque puede haber sorpresas, esta peregrinación sería para la reina de los bañados, de los tajamares, de los arroyos, de los juncos; otra vez va a explotar el agua ante el embate de la “Tararira”.

Amanece en la Ruta y nos damos cuenta que el día no pintaba ideal para patear campo embarrados hasta las bolas despertando a los Mostros, estaba frio y ventoso, pero eso nunca fue un problema para “los enfermos de la tarucha” y hoy no sería la excepción. Por lo tanto el Comando completo, Manuel, Fernando y Juan, Otero los tres, cumplimos con la promesa de no esquivarle a la adversidad y continuamos con “La Romería”.
Llegamos al Club Náutico de San Pedro y ahí nos encontramos con Pepe, que apenas nos ve lanza su oración: “A vos te parece, que viento malparido y como se encapotó el día. Ahora por eso, de bronca nomas, vamos a sacar las más grandes”.

Y, como en una profecía telúrica, así fue que pasó. Para eso fue que rumbeamos corriente abajo por el Paraná y después de una horita de navegación, cuando ya nos empezábamos a acercar a la que sería la “sagrada” cancha de pesca, decidimos calentar un poco la muñeca en unas correderas muy lindas que se armaban en la boca de un par de arroyos que bañan estos campos. –Si Dios nos acompaña, por ahí pinchamos un “lingote”-.
Pero después de estar un rato largo rascando la barranca decidimos que todavía no era el momento del “Oro”, por lo que volvimos a la huella y enfilamos pal campo.


La Ranchada

Sería un Día lleno de sorpresas, sí. Y la primera fue encontrarnos con un amigo, pero no un amigo cualquiera, sino uno que ni conocíamos, que ni sabíamos que podía llegar a ser un amigo. Un personaje entrañable, un gaucho de la isla que se dio a conocer como “Perico” y que sería nuestro sacerdote cinco estrellas, el que prepara la ceremonia y nos abre las puertas de su templo en donde compartimos el pan y el vino. Nos atendió como sólo un “tipo de campo” te puede atender. Como dije un Amigazo.

Yo me encargo del asado-, nos dijo, – ustedes empiecen a rastrillar la zanja-. Y, como una letanía, estas palabras quedaron resonando en nuestras cabezas durante toda la jornada. Arrancamos entonces con la labor. Encaramos para un arroyo, poco profundo, que cruzaba el campo, esta vez solo dos, ya que Manuel y Pepe irían a probar suerte en la salida del arroyo, desde el reparo de la embarcación para probar al Surucho.

 

Empezamos a tirar con los despertadores de siempre: poppers, ranas anti-enganche y paseantes recontra quilomberos, como resultado solo obteníamos algún que otro rastro de barro que se levantaba del fondo hacia la superficie y después nada… estaban enterradas, el día anterior había helado y eso se hizo notar.
Fue en ese instante cuando nos dimos cuenta de que estaban pero íbamos a tener que laburar como locos, así que nos dejamos de cambiar señuelos y empezamos el laburo en equipo, uno con muñeco de superficie y el otro con media agua: ¡A levantarlas!


Dicho y Hecho

Apenas empezamos con esta búsqueda se da el milagro y una de las bichas se enoja con la rana que venía rompiendo el agua, le pifia y muerde la cuchara que venía escoltándola un metro más atrás. Ahora siiiii, clavada, y entonces… la escupe y el grito se congela en la garganta.
No pasa nada, sabíamos que no iba a ser fácil. Seguimos y después de un rato “stickeando” como un maniático, Fer lanza el Aleluya.
– Ahora Sí-. Se devoró la ranita, así, de guapa, sin avisar, reventó el señuelo y se escapaba nomas. Pero bien clavada llega a salir del agua, no sin antes posar para la foto, en la que rabiosa y todo sale hecha una diosa.

 

El ansia ya estaba un poco más controlada, ya las encontramos y la primera empezaba a indicar que los portes iban a ser los esperados, ningún bebé. Así que seguimos caminando, cada vez mas metidos en el agua y llegamos a otro remanso del arroyo al lado de un tronco semi sumergido que prometía. Y cumplió. Ya con la primer pasada se movieron dos, y después de un par de pasadas mas el que clava esta vez es Juan que ya estaba al borde del colapso (“si no pesco me pongo como una nena”, es su lema) y esta vez no tuvo mucho tiempo para ofuscarse. Otra taru grande y rabiosa, y otra vez de superficie, no se cansaba de sacar multi pero al final fue doblegada, admirada, inmortalizada, y volvió al agua. Un Ritual de honor para un rival que lo merece.


 

EL Banquete

Todavía no habíamos terminado de festejar la captura anterior cuando ya estaba la segunda taru enojada mordisqueando el artificial con el que Fer estaba metiendo metralla a discreción, pero como si fuera ciega, pifiaba una y otra vez. Juan recarga munición y tira un pasadito que al recoger irrita de lo lindo y Chas! Otra dentellada, y otra pifiada. No puede ser, no puede quedar asi, encima en este momento suena la plegaria, a lo lejos se escucha: …Ya está el asado chamigo!! A comer!!!-
La voz de Perico resonaba como un coro de ángeles, pero nos miramos con Fer y la sentencia se dictó al unísono, –Hasta que no sale, de acá no se va nadie.-

Y así fue, el fuego cruzado no daba tregua y el agua se rayaba con la estela que dejaban los muñecos, la mandíbula bailaba errática sin poder engullir a los soldados y se enfurecía cada vez mas… changos se seca la carne, no me haga renegar y vengan para acá…

Al salmo de Perico se le sumaba la vos del patriarca, Manuel no toleraría un asado de campo seco ni a palos.
La presión se sentía y la bicha no caía en la trampa. Y cuando el comando medio a regañadientes se estaba por replegar explota el agua, ya turbia de tanta batalla, y engulle con autoridad, la clavada no se hace esperar y es así como Juan logra sacar el ejemplar que tanto se hizo desear. El festejo es el de siempre, admiración extrema, un desenganche quirúrgico y la respectiva devolución que da por terminada la primera parte de la jornada y la que inauguró el banquete Gaucho.

 

El asado tenía un gusto especial, gusto a carne, humo, especias, amigos, anécdotas y escamas, todo regado con un Cabernet de cuerpo que te arrancaba una sonrisa. Ideal. La sobremesa fue sublime Pepe chicaneaba, y una historia tras otra, con chiste incluido, salían de la boca de Perico como un Sermón gauchesco que no daba tregua. Sin duda dos personajes.

Pero la ansiedad volvía a picar, sabíamos que ahí nomas estaban, y el objetivo era sacarlas del nido y disfrutarlas un rato más.

Continuara…
>> VER PARTE II <<


Texto: Juan Manuel Otero (Pinchando Mostros)
Fotos: Fernando Otero / Juan Manuel Otero (Pinchando Mostros)
Servicios: “Pepe” Riva, guía de pesca en San Pedro. Salidas a la tarucha, dorado, surubí y pejerrey.
Cel: 3329531443

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Pinchando Mostros

Somos dos enfermos de la pesca con artificiales, que quieren compartir su enfermedad... y ponerle algo de rock!

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