12/11/18 Una salida con complicaciones pero con buena pesca

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El fin de semana pintaba con un clima ideal, si bien había llovido el día Martes y habíamos tenido unos días relativamente frescos, todo estaba dado para salir a pescar…

La vida me ha regalado muchos buenos amigos y compañeros de pesca a la vez, uno de ellos es el Sr. Alejandro D Seeliger, con quien teníamos esta salida armada desde hace al menos un mes por cuestiones de francos laborales. Las expectativas se frustraron en parte el Viernes por la noche, si bien había probabilidad de alguna lluvia/llovizna aislada, al momento de ir a descansar estaba tronando y eso podía llegar a cambiar nuestro destino de pesca.

Si hay algo que se es que a Alejandro ni a mi nos asusta es la lluvia, salvo que sea alguna tormenta eléctrica. Nada de eso ocurrió y el sábado amaneció de la mejor manera. Mientras tomo unos mates chequeo de lejos nomas el equipo de pesca y pienso en lo que tengo y en lo que me falta, cargo las cañas, el resto del equipo y voy en búsqueda de mi amigo con el cual habíamos pactado como hora de inicio las 8.30… y conociéndolo seguramente estaba despierto desde las 6am. Salimos, pasamos a cargar combustible y a comprar provisiones: unas gaseosas, carbón y unos choris!

Entre una cosa y otra arrancamos tarde, un poco sin quererlo y un poco a propósito. Cuanto más cerca del mediodía mejor para que el agua se temple, ya que como escribí antes, los días anteriores apenas habían llegado a los 20º. La primer dificultad la tuvimos al ingresar al campo; el casero nos dice que iba a tener gente, pero nos ofreció un camino alternativo que básicamente consistía por cruzar el campo, parte con el auto y parte caminando.

 

Si hay algo que nos sobra es coraje, así que nos mandamos con nuestro propio sistema de coordenadas. Después de adivinar donde estaban las puertas y decodificar el sistema de cada una de ellas para volverlas a cerrar como corresponde, ya estábamos sobre la loma que delimita claramente el valle de inundación del río. A simple vista estaba bastante seco, avanzamos hasta que mi instinto y el cambio del verde al verde intenso hicieron que detenga la marcha.

– ¿Qué haces?, me pregunta Alejo. Le digo: – Allá hay agua. Que si … que no, mi copiloto se baja y me dice –“ESTA SECO, MANDATE” (jajaja)… que iluso fui, hicimos unos 200 metros y nos quedamos empantanados en una tierra que es una verdadera arcilla, asi que le dije “Vamos a pescar y a la vuelta vemos qué hacemos”. Ya entre risas y chistes al respecto, fuimos derecho para el punto elegido pasando por un hermoso pantano para variar.

Vamos a la pesca
Arrancamos buscando en las playadas, después a media agua y recién tuvimos alguna tímida respuesta buscando bien pegado al fondo. Ya estábamos cerca del mediodía, entonces propongo un cambio de lugar para ir armando el fuego y tener la chance de pescar alguna tararira. Fijé el lugar y mientras esperaba que venga mi compañero con los bártulos para comenzar con la ceremonia del fuego y los choris, ensaye unos cuantos casteos sin respuesta. El calor ya incomodaba y las tarariras no aparecían, era necesaria una parada estratégica para tomas fuerzas y concentrarnos en el último tramo de la tarde.

Calor, buena vegetación, excelente nivel de agua, todo dado para pasar una gran jornada de pesca y nada, ellas no andaban con ganas. En este punto se da un de los peores momentos de la jornada, Ale llega hasta donde Yo me encontraba, me llama y con cara de haber visto un fantasma me dice “No me vas a creer…” Uffff… “¿Qué pasó?” le contesté. Después de un breve silencio y sin pestañar me dice: “Me olvidé los choris en el auto!!!” (jajajajaja). Miré en dirección donde había quedado mi bólido y lo veía tan lejos que hizo que resignemos el almuerzo. Cada tanto se me escapaba una carcajada, el auto encajado, embarrados hasta la cabeza, con los choris a 2 km y las tarus no aparecían. Pero si hay algo que tenemos es que buscamos, y el que busca…

 

Llegamos hasta otra entrada de agua, pero esta mucho más angosta que la primera, ahí es donde justo en la esquina que el agua tranquila chocaba con la pobre correntada del río, entre pequeños remolinos y unos 40 cm de agua una chiquita le entró sin miedo al señuelo! Prácticamente no existió lucha porque la saque literalmente de debajo de mis piés. Foto y al agua. El tema seguía complicado, buscamos y buscamos sin resultados. Aún tenía una carta más para jugar, una entrada de agua con juncos, poca profundidad, unos 6 metros de ancho pero un poco incómoda para pescar. Había que caminar bastante, le pregunto a mi compañero y arrancamos.

Intentamos cortar campo pero era intransitable, entre el barro, las pisadas de vaca y algún que otro kilito de mas en nuestros esculturales cuerpos hicieron que hagamos el camino largo. Pasar el último alambrado fue como haber terminado de correr una maratón, llegamos con lo último. El panorama, al menos desde lo que se veía, era alentador. No vimos moverse nada hasta que hago mi primer tiro encima de la gambarrusa justo donde empieza un juncal, ahí nomás se movieron dos pero no atacaron. Seguí intentando pero se habían ido. Hice casi sin quererlo un tiro entre unos juncos que de milagro llegó a tocar el agua, y ahí estaba una pequeña que atacó y al momento de la clavada hizo una doble mortal hacia atrás y pegó un clavado perfecto… lástima, pero me ganó.

Sigo buscando entre los juncos y muevo otra!!! Sigue el señuelo y se queda debajo de la gambarrusa, la vi! Sabía que tenía un tiro, asi que de revés le puse la rana casi en la boca. “Es chiquita” le dije a Alejo… Cuando clavé me di cuenta que Ale tenía razón, era una bestia que llego a sacarme unos metros de multi. Una hermosa pelea me regaló la grandota. Ya las caras eran otras. Foto y al agua. Para esto ya eran cerca de las 14hs y pensar en volver y en sacar el auto del pantano ya te cansaba. Me fui para otro lado a probar sin suerte y ahí es donde mi gran compañero Alejo obtuvo su tan preciada presa. Foto y al agua.

Ya estábamos listos para la vuelta
Fuimos a buscar el equipaje que dejamos por el camino para caminar mas livianos y salimos para el auto “arrastrando las patas” (jajajaja). Llegamos! Nos quedaba una tarea por delante poco sencilla, sacar el uno de la arcilla pantanosa! Contábamos con huesos de un esqueleto de vaca que los usamos de pala, las costillas para buscar que el auto traccione, etc. Ya era todo muy bizarro, y el uno no quería saber nada con salir del barrial.

 

Agotamos todas las alternativas, hasta que se nos ocurrió usar el criquet!!! Usamos los huesos de la paleta para apoyar el dispositivo para que no se entierre a medida que levantaba el auto. Una vez levantado pusimos todo lo que teníamos a mano para que el auto logre traccionar. Nos salvó un tronco seco que no se que hacía por ahí, lo partimos y repartimos entre las ruedas. “Si sale no le aflojes!!!” me dice mi copiloto que se quedó abajo. Y así fue, unos 30 segundos de Dakar hasta que llegamos a tierra firme.

Volvimos a casa no tan temprano, cansados, pero con la sonrisa dibujada. Está bueno pescar con gente que tenga los mismos problemas mentales que vos! (Jajaja). Recuerden que la pesca de tarariras es con DEVOLUCION OBLIGATORIA ya que se encuentran en veda. Esperemos que el sábado el tiempo nos deje salir a disfrutar de nuestra locura.

Buenas pescas, gentileza de Christian Andrés López

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Christian Lopez

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