14/03/19 Experiencias difíciles de explicar en Salto

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Hermosa pesca la que disfrutamos el primer Sábado de Marzo en Salto, Uruguay, guiados por Matias Jardim junto a Mateo Peralta y Felipe Martinez de Tarariras Uruguay, y Luis Gustavo Chiappa de Cazadores de Taras…

Comenzábamos muy temprano con la esperanza de enfrentarnos a las bestias de Salto. Se dieron las 5 a.m. y estábamos en el agua como lo habíamos previsto, aun era de noche con una estrategia clara por parte del guía Matias: encontrar un surubí gigante. Así lo planeó Matias y así tal cual se dio (el muchacho sabe lo que hace). Apenas salimos colocamos los señuelos “Sagitra” que usamos para la pesca de surubí y dorado, no pasaron 10 minutos para tener en la punta de la linea una bestia por donde se mire, me tocó a mi (Felipe) sentir la potencia de un surubí por 4 o 5 segundos.

Aún en la oscuridad lo único que sentí fue el chillar del reel liberando linea como si algo enorme la estuviera llevando. Los nervios e inexperiencia con peces de este porte me jugaron una mala pasada, ya que quise ‘frenarlo’ poniendo el dedo encima del carrete y obviamente lo único que escuchamos fue el latigazo del multifilamento 0.32 que explotaba como si fuera muy fácil reventarlo. Un gusto amargo nos quedó a todos en la embarcación pero a su vez mucha esperanza porque parecía prometedor el día. Mateo y Gustavo siguieron haciendo bait mientras Yo volvía a armar mi equipo. El ruido en la superficie de los surubies cazando, siguiendo y atacando los señuelos es algo que difícilmente se puede expresar con palabras, solamente viviéndolo para entender.

Los chicos tuvieron algunos ataques más pero no pudimos pinchar ninguno. Se vino el amanecer. Cómo era previsto nos fuimos a hacer bait y trolling para buscar los dorados gigantes de Salto con una vista privilegiada de un amanecer en el río Uruguay. Sabíamos que no iba a ser un día fácil pues contra todo pronóstico ese día la represa de Salto Grande estaba liberando muy poca agua, por no decir casi nada. Después de un rato de bait y trolling decidimos anclar la embarcación para pescar bogas porque los dorados no estaban queriendo los señuelos. Hasta mitad de mañana disfrutamos en la embarcación una hermosa pesca de bogas de todos tamaños, incluso algunos bogones que estimamos llegaban a 2.5 kg. Una pesca muy técnica que a mi en particular me encanta.

 

Matias por su parte seguía planeando estrategias en su mente, fue así que decidió encarnar las bogas chicas que sacábamos vivas con la esperanza de tener un pique de un gigante dorado. Charla va, charla viene, boga va boga viene.. sentimos la furia de la chicharra de uno de los rotativos pesados y el grito de Matias! “Es dorado! Es dorado!”. Matias toma el reel y se lo pasa a Mateo, fueron unos segundos de mucha ansiedad y nerviosismo pero nuevamente no pudimos concretar, vino solo la boga que notoriamente tenia las marcas de un gigante que la había mordido. No perdíamos la esperanza y seguimos todo lo que Matias nos aconsejaba, fue así cuando Matias mirando el río nos dijo, “En 5 minutos tenemos un dorado” y ¿saben que pasó? No pasaron 10 minutos y otra vez el reel con boga viva empezó a chillar como si un caballo lo cinchara, no estoy exagerando, esa es la sensación que se siente, ni más ni menos!

Matias toma el reel y me lo pasa, sigo sus instrucciones tal cual me lo grita en la euforia de ese momento tan esperado, clavo una… dos veces y en ese momento siento la mejor sensación de mi vida en la pesca, siento que una bestia me lleva linea y que literalmente quiere arrancarme caña y reel de las manos, repito: algo INEXPLICABLE… En esa furiosa corrida que el rey del río me ganaba piola siento que la linea se afloja y una vez más nos invade un gusto amargo, se soltó dijo Matias. Mientras traía lo que quedaba de boga (literal) pensaba “¿qué hice mal?” Y al terminar de recoger nos dimos cuenta que nada. La bestia (que según Matias era una dorada fácilmente de más de 20 kg) había reventado el acero y uno de los anzuelos que tenía el leader. Como si no fuera acero, como si fuera de plástico simplemente lo cortó… en lo que quedaba de boga veíamos las marcas de los dientes del dorado y no podíamos creer lo que veíamos.

Fueron los mejores 15 segundos de pesca de mi vida! No pudimos sacarlos pero los tuvimos ahí y pasamos un día hermoso junto a Gustavo y Matias que son unos cracks y terribles pescadores. Disfrutamos y sin dudas volveremos por revancha a Salto. De nuestra parte agradecemos a Matias y a Gustavo por acompañarnos en ese día, porque lo importante no es pescar, sino estar pescando!

Gentileza de Tarariras Uruguay 

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