14/10/15 El Santo de la Caña 2

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A Mojarse el Culo

En la segunda mitad del día y ya con la panza llena, volvimos a encarar los charcos pero esta vez arrancamos a equipo completo, salimos a matar o morir los cuatro: Pepe junto al capitán vitivinícola (alias Manuel) se unieron a la búsqueda de escamas. Encaramos a un lagunón que estaba “pintado”; ahí no podíamos fallar, y decidimos que trataríamos de llegar bordeando una zanja que también tenía buena pinta, siempre bombardeando el agua como Dios manda.

Sin embargo la cosa estaba difícil, los dragones estaban dormidos y no los podíamos mover con nada, y para variar, el lagunón que buscábamos se encontraba rodeado por la zanja que hasta el momento y sobre todo por el frio parecía impenetrable.

Pero como se imaginaran no estábamos dispuestos a rendirnos tan fácilmente, y como reza una de las frases de cabecera de nuestras pescas, “la desesperación es el mejor motor”, no íbamos a claudicar por un poquito de agua. Y así como así, el bicho que estaba reventando el agua ya no era una tararira sino Juan, que con la gracia de una gacela, perdón, de un Gacel que fundió biela, estaba con el agua hasta las bolas para dar con el lugar que tanto nos quitaba el sueño.

El comando estaba dividido y cada uno acribillaba el agua sin tregua buscando “La señal” que indicara que habíamos dado con el nido. De repente se enciende la Mostriseñal: Fer levanta la cabeza y ve la clara e indefectible señal que indicaba la presencia de ejemplares de tararira al acecho de los artificiales, o sea Juan a las puteadas y como loco moviendo las manos diciendo: “- Que va a ser Boludo?!!! Tire una vez y se movieron como cinco-“.

La frase no estaba terminada aun cuando Fernandito (a estas alturas ya podemos llamarlo Lagumercindor) atravesaba como una saeta el impenetrable canal, que a estas alturas parecía una palangana de morondanga que lo separaba del tesoro.
Pero llega justo, justo, para sacar la mejor foto de la jornada: el salto rabioso de una forajida que abandona el agua en un ataque espasmódico mezcla de furia y barro que rompe el contorno que formaba el repollito de agua al borde del charco. Arte en movimiento, medalla olímpica; Tararira.

 

Pero esto no iba a ser todo, para nada. Sólo era otra sorpresa, y ya les dije que hubo varias, porque resulta que el comando había dado por fin con “el Nido”, ese mágico lugar lleno de dragones rabiosos que despiertan del letargo.
Si, estaban todas ahí en el lagunón, ese al que casi ni vamos, en cuanto empezamos a tirar los señuelos hacia el medio de la cancha, empezaron los bulos, los borbollones y el barro movido del fondo. Se despertaron los Dragones, ahora sí empezaba la pesca.


Pa’ hacer dulce

Era todo alegría, una danza entre líneas, muñecos, barro y escamas. Las cañas ya no volvieron a estar derechas por un largo rato. Un frenesí hermoso que nos dejó grabado en la retina todo el poder que desplegaban las Tarariras al momento de cerrar la boca y morder el plástico. Y grabadas en el lente las mejores fotos que podríamos haber sacado.
Pero no todo era soplar y hacer botellas, las sacábamos pero había que moverlas constantemente, y clavar con precisión y firmeza, ya que estaban algo erráticas. Quizás por no haber salido por completo del letargo. Ahora que cuando se clavaban era otro cantar, se les metía el demonio adentro. Saltaban se retorcían, salpicaban barro y tiraban dentelladas a diestra y siniestra. En un par de tiros hasta se peleaban una con la otra por el mismo artificial. Una Hermosura.

Ni Pepe, con todo lo que conoce a los bueyes con los que ara, podía creer que en un día que pintaba tan para atrás, el agua tan fría, la brisa áspera y sobre todo con una mañana donde solo se habían dado cuatro capturas esporádicas, podíamos estar ahora en una caravana satánica infestada de dientes.

 

Así se fue muriendo la tarde, pero no le aflojábamos al “casteo”, y tengo que reconocer que el frenesí del que les hablo nos puso al límite. Se llegaron a perder códigos de moral y buena costumbre. Fue desgarrador ver que se pone en jaque una fraternidad ancestral y una amistad forjada en Hierro y Carbono, solo por el amor de una misma dama.

Sí, la traición estaba parada sobre nuestras cabezas y se veía tentada por el contoneo de la reina de los Arroyos, que sin escrúpulos bailaba con uno de los hermanos pero terminó saliendo con el otro: Mientras uno, Fernando, acribillaba el espejo, y la tarucha, imprecisamente pero sin tregua, le cabeceaba el artificial de superficie; aquel otro, el que dice ser su Hermano, arroja sobre la trayectoria del señuelo anteriormente mencionado, su propio engaño, que trabajaría amparado por las sombras de la profundidad y lograría conquistar el perseguido trofeo.

La respuesta no se hizo esperar: “- Nooo hijo de puta, esa era mía!!-“rugió el jinete. “-Si era tuya por que no la sacaste, ¡En tu cara, gil, Jajajaja!!-“sentencio su par, blandiendo la caña en una clavada certera que logra capturar a la “furia”.

Y en una nueva demostración de caballerosidad y amistad de las que solo se pueden ver al borde de un charquito, el asunto quedó zanjado con un sinfín de carcajadas e insultos bienintencionados y fotografías de la pieza capturada. Aquí no pasó nada, son gajes del oficio. A seguir que alguna queda.


Jinetes del ocaso

Ya cuando el día se desangraba en el horizonte, caímos en cuenta que hacía rato no teníamos ningún pique y después del baldazo de realidad decidimos que nuestra labor estaba terminada. Por eso cambiamos el norte y emprendimos regreso a la ranchada en donde volveríamos a embarcarnos para regresar a la “civilización”. Volveríamos a San Pedro, cansados pero felices. Igual para esto todavía faltaba rato, quedaba todavía media sorpresa más.

Así que los cuatro Apóstoles nos despedimos de Perico, quien nos dio su bendición y nos recordó que su casa es nuestra casa, nos ayudó a alistar la Lancha y nos vió partir desde la costa todavía tirando algún que otro chascarrillo. Como dije un Amigazo.

Ya navegando y con los últimos vestigios de luz, el que rompe el silencio es Pepe quien reza: “- Che Lito (otro Alias del Capi vitivinícola) ¿Querés engancharte una morena en el anzuelo? Esta corredera está sospechosa-“.

La sospecha radicaba en el comportamiento nervioso y bullicioso que presentaba un cardumen de Mojarras. Algo andaba Cazando. Y nosotros todavía estábamos pescando. Ni corto ni perezoso, el Capitán metió mano en el balde y sin solución de continuidad la morena estaba derivando desde afuera hacia adentro de la corredera, corriente abajo para por fin encontrar el veril que la dejaría en la suculenta posición.

A los pocos minutos y con el ultimo hilo de luz el Capitán pega tremenda clavada. Todo se detiene otra vez, no se escuchaba ni el río, hasta el Chajá dejo de rebuznar. De repente la electricidad recorre la punta de la caña y a lo lejos salta y destella el Oro tan preciado.

La cara del Patriarca no se podía creer, era la felicidad dibujada en el rostro de un pibe, estaba vivo y peleando contra el tigre de los ríos, y este Doradillo no se quería dejar domar. A decir verdad no era una pieza de porte extraordinario, pero lo que era extraordinario era simplemente el Día, la aventura, Habíamos ganado La Plata y El Oro. Éramos Campeones, estábamos en el Cielo.

…Respondimos el llamado, peregrinamos, cumplimos promesas y prometimos otras tantas.
Y al final la ruta nos recibe otra vez con sus luces como centinela, con San Pedro a nuestras espaldas desandamos el camino, mientras revivimos con añoranza prematura la crónica San Pedrina. Reímos, puteamos, pescamos.
En pocas palabras estamos Vivos…

>> VER PARTE I <<


Texto: Juan Manuel Otero (Pinchando Mostros)
Fotos: Fernando Otero / Juan Manuel Otero (Pinchando Mostros)
Servicios: “Pepe” Riva, guía de pesca en San Pedro. Salidas a la tarucha, dorado, surubí y pejerrey.
Cel: 3329531443

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Pinchando Mostros

Somos dos enfermos de la pesca con artificiales, que quieren compartir su enfermedad... y ponerle algo de rock!

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