24/02/17 Buscando omnívoros en el Paraná

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El reloj biológico se hacía sentir con más fuerza cada día que pasaba y nos acercábamos a Febrero. Las pulsaciones en las venas comenzaban a tomar más intensidad como el aviso inequívoco de que la hora de la emigración anual al Alto Paraná estaba llegando…

Si bien esta vez seguimos como hace varios años el plan de ruta que se inicia desde el ahora logde de Peto Dalle Nogare, había algo que en esta oportunidad iba a ser radicalmente diferente. Eso diferente era nuestro enfoque de pesca.

 

La compañía de Angel Pereyra “El Millo”, pescando a la par con mosca, hizo todo mucho más placentero y los resultados no iban a tardar en llegar. Empezamos estirando los tendones con streamers en búsqueda de dorados que estuvieran acechando en los roquedales o árboles sumergidos en las proximidades de Itatí. El pique de salminus brillaba por su ausencia así que después de pescar uno con un streamer amarillo propuse ir a todo o nada por los omnívoros.

Pescar ese segmento de peces que incluye pirá pitás, bogas, pacués, etc. estaba en mi entrecejo desde hacía un par de años. En mi última visita a estos pesqueros esta pesca se vio frustrada por cuestiones climáticas lo cual no hizo más que enceguecer mis ganas por volver a perseguirlos nuevamente. El Millo hacía su debut con fly y lo hizo extremadamente bien. Enhebramos las ya infalibles bolitas de plástico en nuestros anzuelos reforzados de pata corta y empezamos los tiros a las “piletitas” y remansos con hojarasca que se suelen configurarse detrás de correderas y chorros de agua.

Empezamos viendo persecuciones de pacuíes y pacú reloj, los cuales pudimos pescar luego de afinar un poco la puntería y sobre todo la forma de castear para que la bolita al tocar el agua haga el sonido correcto. Haciendo que ese “plop” se produzca contra la costa fue que logré una excelente boga que me maltrató cuanto quiso con mi equipo #6. Se sucedieron piques esporádicos hasta que El Millo prende un tanque de 7 kilos que se empala y milagrosamente pudimos sacar de ese palerío para festejar como locos borrachos ese pacú increíble que tomó la bolita.

 

Nuestros mediodías los empezamos a abordar con comida liviana, un par de cervezas y equipos ultralivianos antes que nos gane la modorra. Así pudimos cobrar mojarras, pacues y hasta el inolvidable premio para mí de un muy buen pirá pitá pescado de vadeo y con una mosca seca de foam. La asignatura pendiente me empezaba a tocar el hombro con el dedo… era el último día y mi tan ansiado pacú no aparecía.

Pero lejos de desanimarme seguía con tozudez acribillando las costas con esa bolita plástica color rojo. El trabajo en equipo junto a el Millo y Facundo tenía rendir sus frutos. Y hablando de frutos en un momento una torta tremenda se tentó con mi fruto y ahí estaba tratando con sudor en la frente de que no se empale un tractor que tiraba para abajo como un ancla. Pude sacarlo a río abierto y pelearlo concentrado sin errores. Cuando apareció en superficie entregado no lo podía creer!!! Que pacú por dios! Un tortón de 5 kilos que terminó de coronar una salida que vamos a guardar por siempre en nuestras memorias y en nuestros corazones.

El Alto Paraná es así, le paga al que apuesta.

Gracias a mi compañero Angel, Peto, Facundo, a mi familia y a todos los que se tomaron un ratito para leer estas líneas y disfrutar con nosotros estas fotos.

Buenas pescas, gentileza de Jackall Julio Casco

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