27/08/18 Cuando te asegurás la pesca antes de salir

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No es verdad que podemos asegurar la pesca antes de salir pero sí, y según con quien es el organizador, sabrás de antemano qué servicio y atención recibirás..

Es el caso la pesca realizada ufe con los servicios de Pablo Souto de la casa “El Dorado Pesca” en la laguna Hinojo Grande, pesquero Loma Alta. Ya desde la previa misma grata sorpresa saber que mi amigo de pesca:  Diego Mattias, a lo último se decidió a venir como así también saber que compartiría la embarcación con José de Almeida, administrador del grupo “Solo Pesca Deportiva” a quien conocía solo a través del teclado. (Estas son los detalles que marcan la diferencia)

Una vez a bordo los cincuenta y pico pescadores en búsqueda del “último pasajero”, el servicio de abordo sirvió de manera profesional una copa de espumante acompañando de masas finas… ¡Sí señores leyeron bien! Pablo Souto pensó en espumantes y masas finas para agasajar a sus clientes por la amistad mantenida de años. Una segunda vuelta, para los que aceptaban, era argumento para recordar las palabras de un viejo… “en su justa medida…”

La azafata de abordo, a posterior invitó con una vuelta de café y el murmullo se fue disipando para dar lugar al primer sueño. Como siempre, las cómodas unidades de la importante empresa de transporte hacía más placentero el viaje. Primera parada en Luján y conocimos a don Héctor Ron, un simpático gaucho contador de historias y buen pescador. Con los primeros destellos del alba en el horizonte, a la espera del día y al resguardo del intenso frío, la helada sobre el campo la afirmaba, compartimos el desayuno, también dentro del servicio.

 

En disciplinado orden descargaban las bodegas y distribuían las carnadas mientras hacíamos el rol de embarque.  Ya en la laguna navegamos rumbo “pa` alla” como si supiéramos la ruta. Un día frío pero a pleno sol regalaba un cielo celeste sin ser corrompido por ninguna nube en los trecientos sesenta grados que daba nuestra vista. Anclados armamos los equipos, en mi caso una vieja caña Shakespeare narraba la gran jornada de pesca con boyas amarillas y negras, las que no rindieron y fueron reemplazadas por rojas y negras de tipo redonda atravesadas por un palito simétrico. Anzuelos medianos y mojarras importantes.

Capturas esporádicas pero de buenos porte, se sucedían mientras el sol subía con rayos brillantes, cada tanto una mínima brisa revolvía el agua como dándonos más chances de pesca. Una laguna mezquina nos hacía trabajar con atención moviendo las largas brazoladas como desafiando a los pejerreyes que, de buen tamaño, íbamos capturando. Tengo que destacar que no hubo necesidad de devolver piezas por fuera de las medidas y que lejos estaban de los veinticinco centímetros habilitantes.

Mis compañeros de pesca festejaban las buenas capturas mientras lográbamos tomar las imágenes para eternizar el momento. Modificaciones del largo de las brazoladas; cambio de líneas y navegación para encontrar otros lugares de pesca se fueron sucediendo a lo largo de la jornada. Por allá en un parate hicimos una picada: sándwich y empanadas salieron a la luz como marcando que después de ese momento empezábamos a descontar las horas. Claro, ya había pasado el mediodía. Con piques esporádicos perdía hilo el carrete de la tarde y cuando nos quisimos dar cuenta teníamos las alforjas gordas y la responsabilidad de emprender el retorno a tierra firme con la jornada cumplida.

A tranco corto pero firme navegamos línea recta hacia el monte del embarque. Cansados llevamos los logros; expectativas y equipaje hasta la zona de reunión. Realizada las mediciones llegó el ritual mencionando a los destacados. Esta vez fui el primero, una captura fortuita de un peje de cuarenta y dos y medio me sirvió para la distinción. Resto de la picada y unas cervezas cerraron la imagen de la laguna con una luna reflejada en sus aguas como si la novia de los pescadores nos dijera: No me dejen… vuelvan… los espero…

El revuelo de sorteos en el micro y palabras de agradecimiento del organizador, nos distrajo hasta la ruta, ya en noche cerrada emprendimos el regreso sabiendo que no podemos asegurar el resultado dela pesca pero sí como pasaremos la jornada. Gracias El Dorado Pesca, del barrio Boedo, por esta salida.-

Gentileza de Eduardo Piccone

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Sobre el Autor

Eduardo Piccone

Comparto salidas de pesca entre amigos, en soledad o con los compañeros del sindicato gráficos.

1 comentario

  1. Eduardo Piccone on

    Pablo Souto y El Dorado Pesca no pueden dejar de agradecer a la azafata Rosa Sánchez y al gran amigo y colaborador Alberto Mancuso por la dedicación durante la jornada.

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