27/11/18 Rebalsado

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Durante el último fin de semana largo del año salí en búsqueda de alguna tararira que anduviese en algún desborde del río Luján…

En la medida que avanzaba veía que la altura del agua estaba ideal, lo único que complicaba la cuestión era el viento… mucho viento. Había fijado el rumbo: un juncal que se llena de agua sólo cuando el río desborda quedando comunicado este último a través de un pequeño zanjón. La idea era peinar la zona, en este lugar bajo las mismas condiciones, el año pasado habíamos hecho una pesca excepcional.

Avanzo patinando en el barrro, chapoteando agua, cruzando zanjas, sumando metros de caminata 100×100 barrera imaginando el panorama de pesca. Ya llegando al punto veo gente justo en la desembocadura, el escenario ya era otro, en la medida que avanzaba la cosa se complicó un poco más. Llego, los saludo, les pregunto por la pesca mientras levantaban uno de los dos trasmayos que tenían de punta a punta a metros de la desembocadura en el río. “Cazaron” unas 30 carpas de tamaño parejo, me contaron varias de sus historias de pesca mientras pensaba dónde ir porque ahí no iba a tener chance. Les saco una foto a los 3 muchachos, los saludo y voy a intentar pescar algo al desborde.

Estaba realmente infestado de carpas, pero tarus ni una! Las carpas se paseaban de a muchas y varias de tamaño respetable. Entre el viento, un poco de fastidio y haber llegado hasta tan lejos de gusto, ya no estaba prestando atención a la pesca. Armo el equipo de fly para ver si podía engañar a una carpa y no había forma de castear, tenía el viento de frente y las dos veces que la mosca quedó clavada en una higuerilla hizo que desistirá casi de inmediato de esa pesca. Los muchachos ya se habían retirado quedando la huella de un triperio infernal. ¿Qué hago? ¿Sigo?. La verdad no tenía mucho tiempo para seguir alejándome por lo que decidí volver siguiendo las curvas del cauce de agua haciendo una búsqueda más minuciosa..

 

En uno de los bordes, donde el agua tapaba el camino por el que normalmente transito, venía paseando el señuelo entre las gramillas y por ahí sale una taru… Si!!! Una!!! A esa altura era un milagro. Lástima que iba tan distraído esperando no pescar en esa zona,  le saque el señuelo de la boca. A veces no hay segundas oportunidades y no está mal que así sea. Me alejo unos metros, armo el tiro y paso por el mismo lugar y vuelve a atacar, pero esta vez la suerte cambió. Captura, foto y al agua.

El agua estaba transparente en estos desbordes y corría muchísimo. Si bien puede considerarse una pesca pobre, Yo ya volvía un poco más renovado, pero las tarus no estaban. Sigo mi camino de vuelta, no dejé lugar por intentar. Ya en el último tramo se me da por probar en un lugar que siempre le he dedicado unos tiros y nunca me había dado nada. No está todo perdido! Debajo de un sauce que atajaba la correntada tengo otro ataque, y como en el caso anterior lo pierdo. ¿Será posible? Jajaja. “Uno más y sigo”. La pequeña tararira premió mi esfuerzo. Foto y al agua.

Me quedaban los últimos 200 mts antes de volver para el auto. En esa zona hay una pared de juncos, los cuales hacen imposible que pesques sobre el cauce de agua, pero como estaba desbordado, podía hacer unos tiros por afuera. Avanzo y veo movimiento! Había dos que estaban apostadas al solcito en el agua mansa. Tengo 1 tiro! Lanzo pasado, bastante bien como para pasarle el señuelo por delante de la boca… Llega el momento… Y nada! Una estampida de pescados que buscaban desesperadamente el arroyo. Definitivamente no eran tararariras.

 

 

Sigo ya caminando con más cautela, procurando no hacer ruido y a unos metros veo a otra. Pero esta vez me agacho y me pongo a preparar el equipo de fly, total ya estaba jugado. Elegí una mosca que parece mosquito, algo que parecido a lo que puede haber en el lugar. Mientras armaba la miraba y seguía ahí. Me acerco un poco a la costa y ensayo mis primeros casteos. El viento y los árboles me la complicaban demasiado. Encuentro el lugar, el casteo justo y al tercer intento siento que me explota la caña. Parecía que había enganchado un tractor! Unas hermosas corridas que hacían casi que ni respire por momentos. No sabía qué era!!! Tararira me parecía que no, pero como era una presa respetable, no quería equivocarme.

Técnicamente para un mosquero sé que me mandé varias macanas, pero ahí se me borraron los conceptos leídos. Cuando se deja ver, ahí estaba, una hermosa carpa!! Si, una carpa! Una especie menospreciada por muchos, pero para pescarla con mosca es un verdadero placer. Acá en la zona no hay mucho registro de esta pesca y ahora todos me preguntan “¿Qué mosca usaste? ¿Cómo hiciste?” etc etc. Realmente fue suerte. Busqué un pez que veía a unos 7 u 8 metros y no sabía que era, pude poner la mosca donde quería y cerré una media jornada con un trofeo que por acá muy pocos tienen.

Me siento un verdadero afortunado. El kit de moscas Waterdog Streamer atadas en anzuelo #6, el cual compre en Finisterra local de mi amigo Sergio Lima, me ha sorprendido muhisimo para bien. Estoy comenzando en este mundo del fly, y al que todavía no se animó, que lo haga!
Abrazo, gentileza de Christian Andrés López

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Christian Lopez

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