Érase una vez en Laguna El Burro

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… Y un día volvimos a la laguna el Burro, llenos de esperanza, para llenar los equipos de escamas de pejerrey. Esta vez, salió a la aventura el Comando Mandíbula en su formación original: Fernando Otero (Capitán Lagumercindor),  Juan Otero (Capitán Joven Manos de Manteca) y  Manuel Otero (Comandante Vitivinícola).

Encaramos la ruta tempranito, y  llegamos, entre risas, mate y por qué no, un par de ensartes ruteros,  a “el” parador de la zona de Chascomús, donde nos hicimos de algunos víveres, compramos carnada (en este caso mojarra viva) y seguimos la marcha para llegar a las 8:00 hs hasta el km 135 de la ruta 2 en donde se encuentra esta tan cercana y hermosa laguna.

AL AGUA PATO
La ansiedad estaba en su punto máximo, estamos al lado del agua y en ese momento se te ponen los ojos en blanco, no das más, querés empezar a vivir (pescar) otra vez, llegas al muelle, te espera el bote, te calmas y empezás a planear, entonces se aclara todo y estás listo, estás en el agua, estas vivo.

Una vez que subimos todos los pertrechos a la embarcación, previo análisis de la condición del viento que se presentaba muy leve, y una vez decidido quién sería el timonel de ocasión, nos fuimos al extremo noreste del espejo, zona de juncos, para arrancar el garete hacia el medio y así empezar a rastrillar la cancha. Llegamos al punto de arranque elegido, líneas al agua, reeles abiertos (el nylon y/o multi flotando bien, fundamental)  y empezamos con la “tan difícil” tarea de estar entre amigos y/o familia al aire libre pescando y disfrutando de anécdotas varias.

 

Después de un par de pasadas sin ninguna respuesta, decidimos meternos directo entre los juncos y arrancar un garete lento desde ahí. Fue en ese momento que se dio el primer pique del día, fue Juan (Capitán Manos de Manteca) con su sana costumbre, quien rompió el hielo, y al ver correr su boya, clavó firme y sin dudar;  pero el entusiasmo duro poco: inmediatamente después de la violenta corrida y correspondiente clavada se escucha “Dientudooo”. Los pejes se resistían a aparecer.

SE HIZO ESPERAR UN RATO PERO APARECIÓ
Tarde pero seguro, apareció el primer peje: lo clava Fer después de una corrida demasiado sutil para su gusto, pero clavado al fin.  Arrima el peje, lo sube a la embarcación, foto/ video de rigor, saludos y alegría: Cuenta como el primero de una jornada que no prometía demasiado pero que se presento con un día espectacular y con mucha algarabía en el bote, a pesar de la falta del pique constante.

Decidimos, entonces cambiar de modalidad y ver qué pasaba. Ahora probaríamos anclados, tirando contra la costa. Otra vez líneas al agua y de pronto el pique parece activarse: Unas cuantas corridas fallidas y cuatro capturas más con espacios de más o menos diez minutos entre una y otra.

 

Se reaviva la esperanza, pero no duró tanto ya que después de esta seguidilla se volvió a planchar el agua y el pique por igual. Sin embargo seguimos con la vista al frente y volvemos a cambiar de sector de pesca, nuevamente fondeados y de nuevo una seguidilla de llevadas muy suaves, esta vez eran los eternos descarnadores.

De nuevo corrida fuerte, clavada, y Juan vuelve a gritar: “Dientudooo”, a estas alturas Manos de Manteca ya había sacado varios dientudos y por eso se gana un nuevo mote: “El Rey del Dientudín”. Como siempre entre chanzas y risas, se sucedieron algunas capturas más de pejes que daban la medida por muy poco o estaban por debajo, solo pudimos levantar un peje lindo, que llegó a los 35 cm, clavado por Fer (Cap. Lagumercindor) quien se llevó el premio al “Mostro” de la jornada. Pero todavía había una sombra en la salida: El Comandante Vitivinícola seguía pato, y eso es insostenible, no puede pasar, peligra la integridad del universo mismo…

EL QUE RIE ÚLTIMO … RÍE MEJOR
Promediando la jornada, “El Comando” seguía la espina clavada en el corazón: uno de sus miembros seguía sin su premio, así que hubo que ponerse laburar para lograrlo. Cambiamos nuevamente de sector, otra vez a los juncos. El Comandante cambia su línea por una con boyas un poco más chicas para poder detectar hasta los piques más sutiles, bancándose como un duque la contrapartida de esta decisión: se empiezan a dar los tan temidos “piques falsos” generados por descarnadores, que no dan tregua. La desesperación toca a la puerta, parece que esta vez no se va a romper el “gualicho”.

 

De pronto, el Comandante observa una llevada linda, que ante la clavada revela que el pique falló, pero no importa: la línea esta cerca de donde se dio el tironcito y vuelve a tintinear, hay algo “nariceando” por ahí. El comandante nos lo hace notar y en ese momento se da, si, una llevada dura y firme. Manuel responde y clava, todo se paraliza, el tiempo mismo parece ir más despacio… la línea parece deshabitada, desilusión… ¡Pero no, justo cuando empezaba la desazón, explota el agua y se revela que la flecha está clavada! El Comandante lo anuncia y empiezan las risas de nuevo: “El Comando” lo vuelve a lograr, no hay lugar para la tristeza, otro día para el recuerdo: Es por esto que pescamos, para ganarle a la adversidad y a la desesperación; es por esto que somos pescadores, salimos a ganar y todos nos vamos con nuestro premio.

La jornada termina y todos felices, aunque no fue tan rendidora como esperábamos no nos falló, pescamos todos, nos divertimos todos, y vivimos todos, una vez más…

Texto y fotos: Juan Manuel Otero / Fernando Otero (Pinchando Mostros)

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Pinchando Mostros

Somos dos enfermos de la pesca con artificiales, que quieren compartir su enfermedad... y ponerle algo de rock!

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