Kapanga: Un Mono Pescador

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“Cuando voy a pescar cuelgo el traje de rockero y soy Martín Fabio yendo a divertirse con sus amigos”, dice el líder de uno de los grupos más populares del rock de acá, quien encuentra en la pesca en barra de amigos su cable a tierra para desenchufarse de los problemas cotidianos y conectarse con una rica tradición familiar vinculada a la actividad..

No hay fiesta que se precie de divertida en donde no suenen sus canciones. Pero al verlo en el Pejerrey Club de Quilmes, su lugar en el mundo, sereno y atento al pique mirando fijo la puntera de la caña, uno descubre a otro Martín Fabio, lejos del inquieto “Mono” de Kapanga que pone a todo el mundo a bailar al ritmo de El Mono Relojero, Me Mata o cualquiera de sus hits fiesteros.

Es que el “Mono” está en otro contexto. El suyo, el del pago chico donde saluda vecinos, pasa por la puerta de El Pez Gordo por unos anzuelos, compra su carnada en la Pérgola del club quilmeño y disfruta su pasión: la pesca deportiva. Esa que empezó a amasarse de muy pibe cuando su papá lo llevaba de aventuras “a la ribera de Quilmes, donde tengo varios points de pesca que son buenísmos”, dice.

Al ser de Quilmes, al tener el río acá en el barrio, mi papá me llevaba siempre y a mí me encantaba. No había internet, teníamos 4 canales, había que correr al techo y mover la antena para ver el canal 2… En esos tiempos ir a pescar era una fiesta. Papá pescaba y nosotros íbamos a mojarrear al río, sacábamos lombrices del fondo de casa… era todo un plan el preparativo, bajar al río, acompañar al viejo. Después fuimos creciendo y empezamos a hacer algunas salidas por nuestra cuenta”, dice nuestro entrevistado hablando en plural de tiempos donde en éstos planes se incluía su hermano Fernando, “dos años mayor que yo, pero no siguió la actividad. Yo seguí pescando”.

Pasando el Pejerrey Club y el Club Náutico como yendo a Capital, había un camping que era del Automóvil Club y en él había un puente roto. Ese era un point de pesca buenísimo donde íbamos con mi viejo y mi primo, a quien mi viejo también llevó a pescar por primera vez. El apuntaba ya a más alto y traía a mi primo que vivía en Lomas. Y además de tirar las cañas, con mi primo, que era re alto, se metían a poner la red para sacar lisas… ¡Era un quilombo guardar esa red, limpiarla no era tan fácil!. También mi viejo me contaba que se entraba a pescar con la red a caballo. Una señora, mamá de un amigo de mi viejo, subía al lomo del caballo a colgar la red y se volvía nadando. En aquel momento la pesca era comestible. Era todo un ritual muy divertido que compartíamos en familia”.

Otro punto frecuente de sus salidas en familia era “El Canal de la Bahía de Samborombón, justo en el punto donde se une el río con el mar (N de R: presumimos que habla del Canal 15, aunque el Mono no recuerda bien el destino). Íbamos a pescar corvinas. También me acuerdo que fuimos mucho al río Salado, al Puente El Destino. Hablo de mis primeras salidas, a los 7 u 8 años, te hablo del año 77/78 (N de R: el Mono acusa 48 pirulos).  Eran tiempos donde nos divertíamos pescando bagres sapo enormes que me doblaban toda la caña”. Tiempos felices que acompañaron la evolución de la actividad y el desarrollo de nuevos materiales:  “De la mojarrera pasé al bambú de dos tramos y a un reel. Cuando me regalaron ese equipo lo fuimos a estrenar al Salado, con sus tremendos bagres, y después pasamos a la de fibra de vidrio.  ¡Eso ya era llegar a la luna!. Y pensar que hoy Yo paso por una casa de pesca y veo que un buen equipo es accesible para cualquier persona… antes no era así.  Mi papá Juan Carlos, que falleció hace nueve años, laburó en Segba, tuvo discoteca, bares… a la distancia pienso que el tipo donde tenía un rato libre lo disfrutaba en familia pescando. Me estás haciendo acordar cosas que me emocionan”, dice con un brillo especial en los ojos.

 

La pesca une generaciones y así como don Juan Carlos le pasó el bichito al querido Mono, él recuerda la experiencia compartida con su hijo el día en que debutó con la caña: “Tengo un hijo, Tobías, que tiene 15 años, y hace un tiempo quise repetir la misma historia que tuvo mi viejo conmigo. Su primera pesca fue una carpa, en San Marcos Sierra, en el laguito de un loco que había sembrado peces allí y te cobraba por peso las piezas capturadas.  No sabés la emoción que tuvo al pescar su primera carpita… y Yo ni hablar, porque la pescó como yo arranqué, con una tacuarita. Y al principio se enganchó y después le fue perdiendo el gusto a quitar una vida. Si sacaba un bagre y le quitaba su vida, aunque fuera para comerlo, se ponía mal. Y está bien que piense así, cada uno tiene la relación que siente con la naturaleza. Yo le trataba de explicar que los peces no tienen sentimientos, no tienen dolor… pero a su vez uno se pone a pensar al revés poniéndose en el lugar del pez, y es como si un gigante nos enganchara de una mejlla con un hierro filoso… ¡y vos tirás para abajo y te tiran para arriba!”.

Hubo otro tiempo donde la gente sobrevivía de la pesca, hoy pescamos por diversión. Yo hago una o dos excursiones al año y pescamos para comernos la pesca. Después, si sacamos mucho, lo regalamos o lo traemos para los restaurantes de nuestros amigos en Quilmes. Una experiencia reciente me dio mi mejor pesca. Embarcamos en Mar del Plata y sacamos muchas chernias, salmones… metimos cuatro variedades de peces enormes. Nunca había pescado a ese nivel. Por suerte no me he mareado… y eso que fue la primera vez en alta mar. Me clavo un dramamine por las dudas, pero no me mareo en general. Con algunos amigos que tienen velero hacemos cruces a Colonia y tampoco me mareo. Esos sí, la pesca de altura me dejó de cama, y hace 24 años que no tomo alcohol, pero esa noche después de la pesca parecía que estaba en pedo. A las 6 de la tarde fuimos al hotel, me bañé y yo seguía como borracho, se me movía el piso. Es más en esa excursión en la lancha Raptor que sale de Mar del Plata, me comí 8 medialunas, dos sándwiches de milanesa… y no me sentí mareado. Pero al bajar de la lancha sí”.

El mar le tira al Mono, pues también está asociado a recuerdos de adolescencia con buenas pescas. “En Mar de Ajó salí en un lanchón de Lopecito. Era un día bárbaro. Y en un momento se levantó un Pampero que nos agarró saliendo y las pasamos mal en ese retorno.  Pero en general en la costa me va muy bien, tengo muy lindos recuerdos. Tengo una barra de tres o cuatro amigos que nos gusta pescar y somos bastante consecuentes: desde adolescentes vamos juntos una o dos veces al año. Uno tiene departamento en San Bernardo y paramos ahí. El tema es que ahora uno es arquitecto, el otro visitador médico, el otro labura en una fábrica y yo soy músico. Que nos coincidan los tiempos es un milagro”, dice el Mono, que al mencionar la palabra “músico” se acuerda de otro grupo de pescadores artistas: “tenés que llevar a pescar a la gente de El Bordo, que es una banda bien pescadora, tanto el papá como los hijos”, aconseja. Y tomamos nota.

Siguiendo en ámbitos marinos pero más hacia el sur, San Blas, pueblo pescador si los hay, fue escenario de vívidos recuerdos de infancia del inefable Mono de Kapanga. “Fuimos a Bahía San Blas en el 78 o 79, en caravana de tres autos, con una carpa comunitaria de campaña y a pescar exclusivamente. Un amigo de mi viejo tenía una lanchita, el papá pescaba y era el esposo de esa señora que se metía a caballo en Quilmes. Y mientras mi viejo y este señor se metían a pescar de embarcados, nosotros los pibes sacábamos anchoítas. Mi tío las abría y las hacía con aceite. Eran riquísimas. Me acuerdo que eran playas de canto rodado y nosotros, pendejos que nos aburríamos empezábamos a tirar piedras al agua. Y de repente veíamos que los pescadores nos querían matar y se empezaban a alejar de nosotros… no quedaba nadie 100 metros a la redonda. Ahí vimos los primeros tiburones colgados y no la podíamos creer… ¡no nos queríamos meter al agua después de eso!. Hermosos recuerdos. Me encantaba esperar a mi viejo, que volvía de la pesca embarcada con pescadillas reales y lenguados. Ese fue el pez más rico que me comí en mi vida”.

– ¿Cómo tomás un fracaso en una salida de pesca?¿Disfrutás la situación aun cuando no se da lo que fuiste a buscar?
– Tengo varias fallidas. Una grande fue en Villa Paranacito. Pero tengo muchas otras… antes de que existieran tantos servicios meteorológicos nos mandábamos sin investigar y llegábamos a San Bernardo y caían rayos y centellas… y nos pasábamos tres días frustrados, sin pesca. Pero entendíamos que es parte del juego, que a veces se gana y otras se pierde.

 

-Y ¿Qué sentís que te aporta la pesca como beneficio?
– La pesca me lleva a momentos muy felices, son todos momentos de alegrías. Me acuerdo de mi papá. Los amigos que tengo de la pesca son amigos desde hace 30 años, nos seguimos cagando de la risa cada vez que vamos a pescar como cuando éramos pibes e íbamos a pescar a la laguna de Monte en carpa, con todos mis primos, en bondi. Quedan los buenos recuerdos. Y en el presente la pesca me desconecta, son esos momentos para desenchufarse. Yo no voy a pescar solo, voy en barra de amigos. Y en ese momento dejo al Mono de Kapanga en el freezer, cuelgo el traje de rockero y se va Martín a pescar con sus amigos. Este deporte tiene algo muy lindo  y es que lo podés practicar hasta el fin de tus días, esto te hace bien a la cabeza… hay momentos que estás en soledad aunque estés en grupo, y en ese momento te encontrás con vos mismo. Arreglás el mundo y lo volvés a romper. Y cuando viene el pique, se olvidó todo… La pesa te da paciencia, uno gana paciencia, se curte bien. Eso me hace bien a mí que tengo trastornos obsesivos compulsivos, me fijo si pongo la caña así o asá, si va este anzuelo o no… le encuentro puro beneficio a la pesca.

-¿Hay alguna canción tuya que hable de esta pasión por la pesca o esté inspirada en alguna situación de pesca?
– No, no tengo canción relativa a la pesca. ¿Sabés que no?. Pero con todo lo que me hiciste acordar ¡Tendré que hacer alguna!

RECUADROS
El mundo se está volviendo insano y la pesca me desenchufa”

“El mundo es así, se está volviendo insano, el escenario que tendríamos que cuidar, no alcanzamos a hacerlo por más fuerza que hagamos, esa batalla está perdida. En unos años el Río de la Plata será el Ganges. Ojalá me equivoque, pero yo voy una o dos veces por semana al paseo costanero en Quilmes y no dejo de pensar en qué es una lástima que tengamos el río enfermo. En Colonia, las playas uruguayas son hermosas. Esto es parecido a las costas de Croacia e Italia; las de Croacia son las más lindas del mundo y las de Italia son lindas pero tienen la parte sedimentaria… y esto pasa acá, Uruguay tiene las playas lindas y nosotros las barrosas. Encima con el río contaminado.  Pero yo conocí el río bien. Las playas de Quilmes en los años 40 eran las más populares.  A las de Mar del Plata accedían los millonarios, el que empezó a llevar gente popular allá fue Perón, que habilitó la posibilidad de que vayan los sindicatos. Conocí gran parte del país gracias al sindicato de Luz y Fuerza y sus hoteles. Viajé con mi familia a Córdoba, a Bariloche, a Mar del Plata…  en esos momentos esos hoteles sindicales eran hoteles de vanguardia. Y claro, cuando se daba la oportunidad de visitar esos lugares, me iba a pescar”.

SUEÑOS PENDIENTES
Fabio cuenta que “la pesca de altamar es la más grossa que hice. Mis amigos fueron a pescar tiburón y engancharon uno. Yo me debo esa pesca. También queremos ir a Corrientes, a pescar dorados.  Pero siempre vamos para el mar u otras veces a la laguna… al Burro y otras de la Ruta 2. Pero si me decís con qué sueño… sin dudas con pescar un pez vela en Cancún. ¡Y lo voy a hacer! Tengo amigos en Cancún y en Isla Mujeres. Uno de esos amigos tiene un yatecito y hace lindas capturas de estas especies. Y me encantara ir a visitarlo jajajaj. Igual, si no se puede no hay problema: dame dos días con mis amigos en el muelle de Mar de Ajó y soy feliz igual ehh… Y tuve épocas de darle con todo al Pejerrey Club de Quilmes. De volver de un show a las 4 de la mañana y cuando se iban todos a dormir yo pasaba a buscar a mi amigo el visitador médico y nos íbamos al Pejerrey Club…  Me acuerdo que nos gustaba particularmente ir los días de lluvia, porque siempre pensábamos que íbamos a pesar algo más grande. Y así era”.

Gentileza de Revista Aire Libre
Entrevista por Wilmar Merino | Edición N°29 – Agosto 2017

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