Nestor Bebu Girolami: pescar para bajar la adrenalina de las carreras

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En la saga de personajes públicos que vienen entrevistando en la Revista AIRE LIBRE en relación a sus pasiones outdoor, nunca habían entrevistado a un piloto hasta que llegó Néstor Girolami que, fiel a su costumbre, llegó primero..

El extraordinario volante del Súper TC2000 y la WTCC se declara fanático de la pesca, y dice que necesita de la calma y el relax que le da el deporte del silencio para contraponer lo a una actividad profesional que le dispara la adrenalina al máximo. Vamos a conocer la historia del “Bebu” —a quien acaso estemos disfrutando por poco tiempo más antes de que continúe su carrera en el exterior—, con la pesca deportiva, su otra gran pasión.

Todos tenemos un iniciador, alguien que nos presentó el plan por primera vez y nos hizo tomar el gustito. En tu caso ¿cómo fue el inicio de tu historia con la pesca?
—Desde muy chico, cuando nos íbamos de vacaciones, lo jodía a mi papá con que quería ir a pescar. Y los pocos fines de semana que no había carrera, que eran pocos realmente, tratábamos de hacer una actividad que sea en familia, recreativa, y que nos hiciera bajar la adrenalina que tenemos los deportistas de alto riesgo como los automovilistas. Así, buscábamos ir a pescar. Me acuerdo que le rompía tanto los kinotos a papá que no le quedaba otra que llevarme. Soy de Isla Verde, Córdoba, un pueblito de 5.000 habitantes sin laguna cerca, así que todos los viajes eran largos. Como cuando íbamos a la laguna de Viamonte, a 150 km. Y cuando tenía suerte me llevaba a lagunas de Trenque Lauquen, que ya quedaban a 450 km.

¿Qué edad tenías en esa época?
—8 o 9 años, a mí me encantó la naturaleza desde muy chico, la pesca y la caza me apasionaron. Pero a la vez era corredor, desde esa edad, así que yo veía estos planes como actividades para ir a relajarme.

¿Tu papá sabía de pesca o sólo te complacía?
—No, mi viejo me hacía la gamba y desenredaba todas las cag… que yo me mandaba con la caña y el reel, pero me acompañaba a este plan en familia sin ser un gran pescador.

¿Alguna vez fuiste al mar?
—En Punta del Este, cuando íbamos a vacacionar, yo le pedía que me llevase a pescar. Salimos una vez con un barco que se movía muchísimo. Mi primo se había mareado tanto que no sabía que tenía un pescado enganchado. Ahí pesqué mi primer cazón. También hice pesca en Mar del Plata, en barco, sacando cazón y pescadillas. Cada vez que tengo un fin de semana libre me voy a pescar, es mi mundo, me relajo muchísimo.

Y en plan de relajarse, la pesca tiene muchos más condimentos que capturar peces, se realiza en un marco natural que enamora.
—Sí, se da todo un clima que va más allá de si pescás o no. Ni hablar, estar en una isla comiendo lo que pescaste o estar en la isla escuchando el ruido de los animales, eso es maravilloso. Pero, por supuesto, a todos nos gusta pescar y sentir esa sensación, pero disfrutar de la naturaleza es muy lindo.

¿Cuándo empezaste a armar tu barra de amigos pescadores para no depender de tu papá?
—Hace 5 años que vivo en Buenos Aires, en un lugar fijo. Con mi viejo nos vemos los fines de semana de carrera, cuando él puede ir, así que los planes de pesca los armo principalmente con amigos deportistas, además de algunos amigos de la infancia, que están en Isla Verde y con quienes cada vez se me dificulta más salir por la distancia. Pero de los amigos deportistas tengo uno especial, Leo Mayer, con quien armamos una gran relación.

¿Cómo se dio esa hermandad pescadora entre dos deportistas de actividades tan distintas?
—Nos conocimos en la entrega de los premios Olimpia, donde yo estaba con “PechitoLópez y Matías Rossi, y él estaba por el lado del tenis. Cuento esta anécdota porque muestra lo humilde que es Leo. Él se acercó y nos pidió sacarnos una foto juntos. No es habitual que un deportista tan grande, top 30 del mundo en tenis, tan reconocido, que venga y te pida una foto no es habitual. Me sorprendió la humildad y le dije “Soy yo el que me quiero sacar una foto con vos”. Intercambiamos palabras, cambiamos contactos, y cuando nos enteramos que al otro le gustaba la pesca pasamos a ser íntimos amigos. Cada vez que tiene la oportunidad de venir a la Argentina, porque él viaja mucho, me avisa y nos vamos a pescar en su lancha desde el Tigre. Tenemos pendiente hacer una pesca en el Alto Paraná. Me gustaría salir con ustedes, que son los expertos de AIRE LIBRE, porque yo entiendo que a Leo le gusta mucho pescar y le encanta recorrer y pasear por las islas, pero la verdad es que no pescamos mucho. ¡Si ustedes nos pueden llevar a pescar, de verdad, ¡me encantaría!

 

 

¡Es un hecho!
—¡Me gustaría ir a pescar pejerreyes grandes! Pero en realidad no importa la especie, me gustaría ir a pescar y pescar algo bueno. Con Leo paseamos con caña nomás. [Se ríe.] ¡Me va a matar cuando lea esto!

Estábamos hablando de planes de pesca y de que ahora que vivís acá vos tomás el timón y decidís tus salidas. ¿Por dónde has estado pescando últimamente?
—Sí, voy siempre que puedo. Cuando estoy en el exterior mi novia me pregunta qué día es el que voy a ir a pescar, porque ya sabe que un día sí o sí trato de ir de pesca. Ahora estuve en Barcelona y ya estaba averiguando para ir, pero no dieron los tiempos. Tengo pendiente ir a Puerto Madryn a pescar salmones. Y también quiero ir a San Blas, donde tengo amigos que me prometen que me voy a divertir. A mí me gusta aprender nuevas técnicas y para aprender tenés que sacar. Así que quiero probar de todo.

¿Pescaste con artificiales? ¿Qué técnicas practicás?
—Tengo como ley primera sólo llevarme algo si lo voy a comer; si no lo devuelvo. En cuanto a técnicas me gusta el trolling. Me parece que tirarle comida, darle una cebada al pez, es como más fácil. Y me gustaría hacer fly cast, pescar con mosca, pero no tuve la oportunidad; sé que es difícil y lleva tiempo. Es difícil aprender fly con dos veces o tres que podría pescar al año. Es una obra de arte. En Bariloche he pescado truchas, pero no con mosca. En trolling pude pescar bichos grandes en el Paraná, en Paso de la Patria. Tenía como objetivo sacar un surubí grande y lo pude hacer; es linda la sensación de pescarlo y después la de devolverlo, porque a lo mejor ese bicho vivió 40 años y vos lo tenés que largar.

¿Qué otra especie te gusta pescar?
—¡El dorado! Me gusta mucho pescarlo con carnada, es de las pescas más lindas que he hecho. Ves la tanza a dónde va, y cuando lo pinchás y salta es lo más lindo de ver.

¿Qué sueño te gustaría cumplir con respecto a la pesca, qué escenarios te gustaría visitar o qué especies quisieras pescar?
—Yo pesco más que nada por relajarme y por vivir momentos lindos con amigos como Leo, una persona de pueblo como yo, que viene de abajo y todo nos ha costado. Mi objetivo es pasarla bien, tener días de relax para deportes exigentes como el tenis o en mi caso el automovilismo. Pero si se pudiera alguna vez me gustaría pescar un marlín en Australia. ¡Si vamos a soñar soñemos en grande! [Se ríe]. Igual, con todos los lugares lindos que tenemos en nuestro país para pescar, estamos bendecidos. Tenemos un río que no sé cuántos países tienen como el Paraná, donde podés pescar muchas especies, desde un dorado a una boga; después hacés unos kilómetros, y te vas al mar y pescás otras especies muy distintas. Y en una pecera de un criadero de Rosamonte pesqué un pacú.

¿Qué te da el automovilismo en cuanto a sensaciones internas y vértigo y qué te da la pesca?
—Dos contrastes muy diferentes, el contraste de estar súper concentrado, enfocado bajo mucha presión, sin un solo momento de distensión, contra algo totalmente opuesto que te da la pesca que es el del relax… obviamente uno está enfocado en el pique y puede perderlo. Pero si perdés un pique no pasa nada, lo podés volver a conseguir. En cambio en una carrera, si te fuiste de pista ya no podés volver. Hay muchas cosas en juego en una carrera. A mí pescar me baja mucho ese “estar muy arriba y acelerado” que te da el automovilismo. Necesito esa calma. En un momento intenté hacer golf, pero no me dio lo que me da la pesca que es desconectarme y relajarme.

¿Consumís medios especializados?
—Trato de preguntarle a los que saben. Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe. [Se ríe.] Es lo que trato de decirle a Leo, que quiere encontrar las cosas por sí mismo. Pero el río de la Plata es muy grande para encontrar el pique… En cambio, llamando a uno que sabe podríamos ir a donde está la pesca. Por favor, ¡¡¡llévennos a pescar!!! [Risas]. Volviendo a tu pregunta, me meto en Internet, leo algunos foros, miro algún programa. La Weekend la tenía de chiquito. Mi viejo me llevaba a una casa de pesca y yo me quedaba horas preguntando cosas, y comprando cosas que a veces ni usaba. Llegué a tener como 15 reels. Pero otras sí usaba mucho: ¡me compré un molde de plomadas y me hacía mis plomadas!

¿Tenés conciencia de que el recurso es finito y hay que cuidarlo?
—Sí, siempre hago pesca con devolución, salvo algún ejemplar que me llevo para consumir, pero sé que hay especies que están en peligro. Sí me como alguno en la isla ese día, pero pescar para llevar no lo hago.

¿Tu novia te acompaña a las salidas de pesca o se queda afuera de los planes?
Juliana es mi novia hace 4 años, me acompaña. La pesca es un plan divertido que en mi caso incluye a la mujer. Es para la cabeza, un relax y un regalo que te hacés para distenderte. Por lo menos, yo lo veo así. Voy a pescar y vuelvo con una energía a mis cosas que no me la da otra cosa ‘

Gentileza de Revista Aire Libre
Entrevista por Wilmar Merino | Edición N°20

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